miércoles, 24 de abril de 2024

 

PONENCIA PARA EL CONVEGNO GRAMSCI OGGI, CAGLIARI,  29/9/21- 3/10/21. IGS- UNIVERISITÁ DEGLI STUDI DI CAGLIARI. (2)

 

Excurso metodológico sobre la crisis de hegemonía en Colombia, 1999-2010.

“En el análisis del tercer grado o momento del sistema de las relaciones de fuerzas existentes en una situación determinada, se recurre con utilidad al concepto que, en la ciencia militar se denomina “coyuntura estratégica”, o sea, con mayor precisión, al grado de preparación estratégica del escenario de la lucha, uno de cuyos principales elementos está dado por las condiciones cualitativas del personal dirigente y de las fuerzas activas que se pueden llamar de primera línea (comprendidas también las de asalto).” (GRAMSCI, Escritos Políticos, 1917-1933, p. 367.

La investigación es hecha como fruto del estudio del aporte analítico conceptual de Antonio Gramsci, plasmado en los 29 Cuadernos de la Cárcel.  Es la búsqueda del desenlace dramático de una específica crisis del orden de la dominación establecido en Colombia por un bloque histórico fundado en una alianza bipartidista de larga duración, que recompuesto con la presencia cooptada de una fuerza subalterna, quiso recomponer la hegemonía perdida del Frente Nacional en el ejercicio constituyente de 1991.  Dándole existencia a una forma anacrónica limitada de Estado social de Derecho, limitada a garantizar el goce de los derechos individuales aplazando el elenco de las grandes reformas de alcance común.

    

     Con la guía analítico-heurística de las notas de la cárcel de Gramsci, que revisé a lo largo de una década, planteo que el contenido actual de la crisis nacional, estudiada en el periodo especial, 1999-2010, corresponde al comienzo del desenlace de la crisis de hegemonía del bloque de poder nacido del periodo de la Violencia.

Esta situación específica ocurre cuando la clase social fundamental burguesa en alianza con los terratenientes - su alianza posterior al Frente Nacional-  fracasó en la gran empresa política de la pacificación de los subalternos insurrectos, para la cual demandó e impuso por la fuerza el consenso de las grandes masas para hacer la guerra. Pero, en efecto, ellas  especialmente campesinos, minorías, capas empobrecidas de la clase media urbana, y  pequeños burgueses intelectuales  pasaron bruscamente de la pasividad política a una cierta actividad durante las dos décadas precedentes, los años 80 y 90. Tal precipitado de  reivindicaciones de la ciudad y el campo, en su caótico conjunto, constituyen una revolución democrática no completada, interrumpida por las incidencias de una guerra social. (Gramsci, 1981, p 362)

     La reflexión de filiación gramsciana responde a la pregunta principal, esto es, el carácter de la transición colombiana, en sus dos etapas, 1999-2010,[1] 2011-2021. Entendida y resignificada esta transición equiparada con el desenlace de una específica crisis de hegemonía, la ponencia les presenta, de una parte, el carácter contradictorio de la estructura institucional del sistema político colombiano en las postrimerías del siglo XX, que la asamblea constituyente pretendió estructurar armonizando una forma de participación democrática liberal y la representación presidencial republicana de naturaleza bifronte con un ejecutivo y una junta monetaria autónoma. 

De otra parte, esta investigación define también el contenido y el sentido de este periodo especial, en su segunda etapa, que no es otro que el desenlace pautado por el antagonismo social y político de una crisis orgánica, donde se desencadena la disputa prolongada por la hegemonía entre dos grupos sociales fundamentales y sus aliados en el ámbito de las superestructuras complejas[2]. Es una dinámica contenciosa, polemológica[3] entre los actores antagónicos de composición diversa: la insurgencia subalterna que combate en la guerra social contra el bloque dominante al que orienta el partido de la guerra, con núcleo es el Centro Democrático que lidera aún el expresidente Álvaro Uribe Vélez con la estrategia de desagregarlo, a través de una derrota militar, en lo cual fracasó las Farc-Ep. Así se dispuso de nuevo a la negociación de paz con la administración de Andrés Pastrana, pensando en cosechar en la sociedad civil sus triunfos militares en la guerra de movimientos del periodo inmediatamente anterior, años 1994-1998. Operaciones que la guerrilla cerró con la toma de Mitú, una capital provincial. 

A esta transición tardía, bajo las coordenadas intercaladas de paz y guerra, las clases gobernantes y dominantes, en lugar de disponerse a hacer reformas de fondo para construir la igualdad social que abarcan al conjunto de la comunidad política, lo que hacen es reconfigurar y dirigir el bloque de poder durante los años 1992-2010, para imponer,  mediante la guerra de movimientos la modernización neoliberal sobre los campesinos pobres, las minorías indígenas y afro en los que fueran territorios nacional; y los grupos y clases subalternas.



[1] El desenlace de la primera etapa de esta disputada transición democrática colombiana se extenderá hasta la finalización de la segunda presidencia de Álvaro Uribe Vélez, cuando el bloque de poder reaccionario por él conducido fracasa en el objetivo de liquidar a la principal fuerza insurgente subalterna de las Farc-ep; y el fracaso constitucional de su intento concomitante de obtener autorización constitucional para conseguir su segunda reelección.

El propósito manifiesto era ampliar el plazo cuatro años más para someter al principal rival estratégico en la disputa político militar del orden de la dominación. Bajo el imaginario justificador de la seguridad democrática, convertida en el significante vacío del discurso político de sometimiento de la subversión social y militar de los grupos y clases subalternas que ganaban momentum democrático al enfrentarse con el despojo económico y la marginalización política de la contraofensiva reaccionaria.

 

[2] Gramsci, Antonio (1981). Análisis de situaciones. Relaciones de fuerza, en: Escritos políticos (1917-1933). Antonio Gramsci. Cuadernos de pasado y presente 54. Siglo XXI editores. México, pp.347-48.

[3] El sociólogo francés Julien Freund, al caracterizar lo político, en la conferencia realizada en la Universidad de el Salvador, en Buenos Aires (Argentina), indicó dos variantes: la schmittiana de amigo/enemigo, y la adversarial de Hannah Arendt, que garantiza el reconocimiento del antagonista en la lucha política. Ver  libro escrito por  Chantal Mouffe, traducción castellana, El retorno de lo político.

viernes, 16 de septiembre de 2022

GUSTAVO PETRO, ¿NEOPROGRESISTA...?

 Parte Tres

El talón de Aquiles de las Reformas.

“esta iniciativa busca fortalecer la institucionalidad colombiana, para que comprenda y resuelva de manera eficiente los problemas presentados en nuestro campo en torno a la tierra y el territorio, garantizando así los mínimos vitales de las comunidades y los grupos culturales y étnicos que la habitan.” Proyecto de reforma de jurisdicción agraria y rural del gobierno nacional. ET, 1709/22, 1.2.

 

                                                                   El proyecto reformista del Pacto Histórico, pasado un mes de estar gobernando, en materia de tierras, sustitución de cultivos ilícitos y paz regional recibe los primeros mandobles de las comunidades agrarias pobres, campesinas, indígenas y afros.

La punta del iceberg es el norte del Cauca, donde existe una recuperación/invasión de tierras, según la contradictoria existencia de la realidad social de una reforma agraria integral aplazada desde los tiempos de la revolución en marcha, para no retroceder en el tiempo a los escritos de Alejandro López que abrían el siglo XX. O a las imágenes literarias volcadas con destreza narrativa sinpar por nuestro único premio nobel de literatura.

Los gremios del sector agrario e industrial en la zona concernida, el Cauca, inventarían desde el año 2014, que hay 71 predios en litigio, con acciones de hecho, por parte de las comunidades reclamantes y demandantes. De modo principal estas propiedades están en los municipios de Guachené, Padilla, Corinto, Miranda, Santander de Quilichao, Caloto y Puerto Tejada.

En el nuevo tiempo de gobierno del Pacto Histórico, PH,  hay el ingreso a predios en el Valle, Cesar y Huila, que nos retrotraen al tiempo de la fracasada reforma agraria del desarrollista Carlos Lleras Restrepo, y las grandes movilizaciones agrarias de la Asociación de Usuarios Campesinos, y los mandatos derivados de su frustrada auto-organización, a sangre y fuego, y como resultado de debates y rencillas internas a propósito de cómo concebir la ruta de la revolución democrática tantas veces interrumpida en Colombia. Hay un cúmulo de literatura que se puede revisar y la recuerda.[9]

El resultado de estas acciones de hecho y reivindicativas forzaron a la presencia de la nueva ministra de agricultura Cecilia López, quien se hizo presente en los predios del Cauca. Además, ella hizo un llamado perentorio, en el mes de agosto, a parar la ocupación de tierras que no ha sido atendido por las comunidades movilizadas que, por lo demás, exigen el cumplimiento de lo pactado en anteriores gobiernos.

Igualmente, la vicepresidenta, vocera electoral de la pobrerías y las comunidades étnicas, de modo principal, pero no exclusivo, intervino al respecto, diciendo: “Debe haber un diálogo nacional que hagamos todos los colombianos en función de que la tierra esté en función de garantizar la vida.”

Al hacer este pronunciamiento, Francia Márquez, puso el dedo en la llaga varias veces centenaria, la inmensa desigualdad social y económica existente, construida y reforzada por las expropiaciones, despojo, a la vez que ocupación de baldíos de propiedad de la nación, cuando menos desde que Colombia es una nación independiente.

Por supuesto, esta realidad choca con la lectura del presidente de la SAC, Jorge Enrique Bedoya, quien no está a gusto con la fórmula de gravar las tierras improductivas, cuando hay más de 34 millones de has aptas para la producción, buena parte de ellas con oscuros títulos de propiedad.

Bedoya tercia diciendo que, no hay una definición de qué es tierra productiva, y afirma:

“Todas estas imprecisiones lo que generan es una sensación de inseguridad jurídica.” ¿Con respecto a qué, a la legal titularidad y goce de la propiedad privada de la tierra?

Sobre el particular la Corte Constitucional, después de varios años, con ponencia del presidente de la misma, Antonio José Lizarazo ofreció unos parámetros y unas prioridades para proceder con la situación de hecho de los baldíos, y quienes son los poseedores de buena fe, de inmensas porciones del territorio nacionales inexplotadas, ociosas, o mal explotadas.

En síntesis, estamos en presencia del talón de Aquiles del neoprogresismo que encarna la coalición de Petro, y su variopinto equipo de gobierno, la cuestión agraria, y un acuerdo fundamental al respecto, que quedó punteado en los Acuerdos de paz hechos con la exguerrilla de las Farc- Ep, que contemplaron la reforma agraria integral en los puntos uno y cuatro.

Ahora delante del proyecto de reforma política se calibrará como es que se materializa en hechos y políticas públicas lo debatido, lo prometido y exigido, por las multitudes subalternas rurales y urbanas, que tienen la atención fija en el problema de la tierra y la reforma tributaria, que harán posible que la denominada paz total no sea un embeleco, o un significante vacío atrapalotodo.

De ese modo, podremos pensar si estamos avanzando cuando menos al desarrollo de una paz subalterna, y no, en una reedición trasnochada y fatal de la paz neoliberal de Santos, incumplida y torpeada inmisericordemente por el bloque dominante derrotado en la elección presidencial de 2022, pero, sin duda no vencido.



[1]Jorge Eliécer Gaitán en su aspiración presidencial de 1945/46 caracterizó la realidad política del medio siglo, en sus conversatorios y arengas, como dividida en términos de país nacional conformado por la mayoría popular que él interpelaba. En el otro extremo electoral ubicó el país político, su adversario principal, representado en la campaña de 1946 por los candidatos oficiales del bipartidismo, Gabriel Turbay, liberal, y Mariano Ospina Pérez, conservador.

[2] Estas curules fueron pactadas en los Acuerdos de Paz firmados en La Habana, Bogotá y Cartagena, y bloqueadas por la bancada mayoritaria del bloque de poder controlado por el partido de gobierno, en la administración liderada por Iván Duque y el partido Centro Democrático.

[3] Gramsci, A. (1981). Escritos Políticos, 1917-1934. Cuadernos de pasado y presente. Editorial Siglo XXI, México, p. 347.

[4] Es lo que Gramsci denomina Estado de gobierno, con referencia a la definición de la sociedad política, entendida como estructura en término de estado en su sentido estrecho, cuya función principal es coactiva, represiva, ejercicio de la violencia y del aparato judicial y la producción legislativa a través de sus dictados, el repertorio de decretos como atributos del poder ejecutivo,

[5] El bloque histórico dominante se refiere al proyecto político construido a partir de la seguidilla de victorias militares de la insurgencia subalterna de las Farc-Ep que arranca en el gobierno del liberal Ernesto Samper Pizano, pactante de un acuerdo electoral secreto con el cartel del Valle, y que cierra filas con el gobierno conservador de Andrés Pastrana, triunfador en la contienda electoral contra Horacio Serpa.

Bajo la intervención de un centinela, y aliado regional, el hegemón estadounidense dirigido por el presidente Bill Clinton con quien se acuerda el Plan Colombia, con el que se blinda con las armas la apertura neoliberal de la Constitución de 1991, amenazada por la recesión de 1998/99. Se propone como fórmula táctica, de nuevo, la negociación de la paz en los cincos municipios del Caguán, con la principal insurgencia subalterna.

 

Pastrana, y su ministro de defensa Rodrigo Lloreda impiden que la ofensiva guerrillera capitalice políticamente, - sus victorias obtenidas en el campo de batalla -, una contra hegemonía que una el campo en rebeldía armada y apoyos urbanos en las principales ciudades, cuando está dispuesta a sitiarlas con base en una guerra de posiciones convencional. Esto último es lo que teoriza al analista de guerra y defensa, Alfredo Rangel, convertido desde entonces en cuadro político ideológico del Centro Democrático.

 

Fortalecidas las FF.AA colombianas, Pastrana/Lloreda rompen las negociaciones de paz, y abonan el terreno para que Álvaro Uribe y la reacción sean la clave de bóveda de la dominación burgués-terrateniente al servicio del régimen de acumulación neoliberal bajo el comando del capital financiero. Uribe hace tránsito a la política pública de guerra empezando por negar el conflicto armado. La divisa es la guerra social total contra la insurgencia campesina subalterna porque amenaza la propiedad rural terrateniente, los megaproyectos agroindustriales y el extactivismo transnacional pactado.  

[6] La historia de esta temporalidad comenzó con F.D. Roosevelt para atender a la crisis económica estadounidense que arranca con el crack de la bolsa de Wall Street y la gran depresión siguiente. La medida se propuso en el año de 1933, cuando aprobó un paquete de 15 leyes que establecieron las bases del llamado New Deal, para conjurar el peligro de derrumbe del capitalismo más desarrollado hasta entonces.

 

No fueron exactamente 100 días, sino el tiempo de sesiones extraordinarias del Congreso, después de la posesión de Roosevelt como presidente, el 4 de marzo de 1933. El periodo de acción entre ejecutivo y congreso, en realidad se extendió entre el 9 de marzo y el 16 de junio, con base en el consenso con todos los poderes y la ciudadanía de modo general. A quien se dirigía en regulares charlas radiofónicas, disuadiéndola de no sacar sus fondos de los bancos y confiar en la recuperación del país.

[7] El núcleo duro de un grupo superior a 40.000 integrantes, está constituido según el reporte de la revista Forbes por 236, que son calificados de multimillonarios por la publicación, a 6 de abril de 2022. Los cuatro primeros de la lista son Luis Carlos Sarmiento, US$8600 millones, Jaime Gilinski, US$4.400 millones, David Vélez, US$4.000, y Beatriz Dávila Santo Domingo, US$ 3.600. En la lista mundial aparecen rankeados del número 222 al 832. Sin embargo, los miembros del clan Santo Domingo sumados, igualan la fortuna reportada para el hombre más rico de Colombia.

[8] Incluido el presidente de la tercera fuerza, Antonio Navarro Wolf, como lo registró Gustavo Petro, en su libro de presentación electoral, elaborado con el apoyo de Hollman Morris, Una Vida, muchas vidas.

[9] Para el siglo que se extiende entre 1850-1950, no pocos recomiendan el trabajo de Catherine Legrand. Colonización y Protesta campesina en Colombia 1850-1950. Publicado por la Universidad Nacional. Bogotá, 1988. Republicado por la Universidad de los Andes en 2016.

 GUSTAVO PETRO ¿NEOPROGRESISTA...?

Segunda Parte

Los actores en la encrucijada de la paz total

 “Una cosa son los campesinos que están solicitando tierras porque no las tienen, y otra es la delincuencia organizada que se está aprovechando de la situación.” Carlos Camargo, Defensor del Pueblo, ET 9/09/22, p. 1.6.

Hay un tema básico, y es que tenemos que respetar nuestra Constitución, tenemos que hacerlo dentro del orden legal que existe en el país. Esto es un mensaje crítico, no es invadiendo tierras, no, perdón. Tienen un gobierno comprometido con darle acceso a lo que se merecen…” Cecilia López, ministra de agricultura, ET, 30/08/22, p. 1.8.

                                                                El nuevo proyecto civil contra hegemónico liderado por un progresismo de nuevo tipo que aprende del inmediato pasado, y de sus vecinos fronterizos más próximos. Lo representa de modo contradictorio Gustavo Petro, un economista, vocero de la multitud urbana en desobediencia, y la pobrería semirural, rural, y la primera línea ciudadana representada por Francia Márquez, abogada.

El proyecto rearticulado ahora como Frente Amplio, FA, quiere hacer el tránsito del Pacto Histórico, PH con sus aliados y compañeros de viaje a la construcción de un Nuevo Bloque Histórico, NBH, que reemplaza al bloque dominante, reaccionario y de derecha, derrotado electoralmente, y desagregado, en marzo y junio de 2022.

 Bajo esta coyuntura estratégica es urgente para el NBH resolver la crisis de hegemonía, cuyo probable desenlace se abrió de hecho localmente, con asiento en las regiones del suroriente y occidente colombianos en 1998/99. Esto a raíz de los triunfos de la insurgencia subalterna comandada por las Farc-Ep en las regiones más deprimidas de la ruralidad. Lo cual se agravó con la recesión económica que puso en riesgo el patrón de la acumulación neoliberal en Colombia.

El proyecto político de la oposición histórica de más de medio siglo de resistencias plurales, que debuta en los primeros cien días del gobierno Petro/Márquez tiene una fuerza parlamentaria performática de 197 congresistas, mientras que los reductos del bloque histórico antes dominante, y ahora desarticulado por la crisis de representación sufrida, suma en la nueva resistencia a la oposición reaccionaria, 32C, más los independientes, 38C.

Estos recogen los principales matices de la derecha civilista que tienen diversos reparos al programa reformista, y una débil, pero importante, fuerza de 70 parlamentarios, que está conectada con buena parte de los liderazgos económicos principales del país que animan y hacen parte del conglomerado de los más ricos del país.[7]

Este bloque de oposición en formación se apertrechan, por ahora, en las casamatas de la sociedad civil, colonizada por el sentido común dominante de factura neoliberal que ha “liberado” el consumismo y el crédito, que cooptan y endeudan a los estratos medios urbanos, que a la vez exigen someter por las armas a la rebelión agraria que lleva más de medio siglo en reclamo de un acuerdo de reforma agraria integral que recupere millones de has de terrenos baldíos en poder ilegal, y por interpuesta persona. 

¿Recuperación de quiénes? los grandes capitalistas, legales o no, beneficiarios principales del proyecto modernizador, es decir, la última revolución pasiva del capital nacional. Lanzada por la sangrienta apertura neoliberal que impuso el contra-reformador neoliberal César Gaviria con el auxilio de su sanedrín constitucionalista, Cepedín y De la Calle, Contó también en esta desposesión a gran escala con los “buenos oficios” en la sombra de dos de los tres presidentes de la asamblea constituyente.[8]

La reacción política recompuesta tiene ahora un triple liderazgo político conformado por Álvaro Uribe, Rodolfo Hernández y Federico Vélez, y un poder de hecho, el económico que lideran el grupo Sarmiento Angulo, el GEA, y sus aliados transnacionales. Esta fortaleza económico-corporativa tiene, sin embargo, tensiones internas con el grupo Gilinski, que la agrietan, porque este adversario quiere modernizar la gestión de las grandes empresas industriales. Ya dirigió sus acciones en bolsa contra el Sindicato Antioqueño (el GEA), quiere controlar el sector de comunicaciones y compartir la dirección del sector servicios. Es uno de los holdings que mira con interés y cálculo la posibilidad de aliarse con el Pacto Histórico y su capitalismo liberal reformista en lo social, según y cómo se desempeñe el periodo probatorio de los primeros cien días.

El talón de Aquiles de la Reforma

“esta iniciativa busca fortalecer la institucionalidad colombiana, para que comprenda y resuelva de manera eficiente los problemas presentados en nuestro campo en torno a la tierra y el territorio, garantizando así los mínimos vitales de las comunidades y los grupos culturales y étnicos que la habitan.” Proyecto de reforma de jurisdicción agraria y rural del gobierno nacional. ET, 1709/22, 1.2.

 

                                                                   El proyecto reformista del Pacto Histórico, pasado un mes de estar gobernando, en materia de tierras, sustitución de cultivos ilícitos y paz regional recibe los primeros mandobles de las comunidades agrarias pobres, campesinas, indígenas y afros.

La punta del iceberg es el norte del Cauca, donde existe una recuperación/invasión de tierras, según la contradictoria existencia de la realidad social de una reforma agraria integral aplazada desde los tiempos de la revolución en marcha, para no retroceder en el tiempo a los escritos de Alejandro López que abrían el siglo XX. O a las imágenes literarias volcadas con destreza narrativa sinpar por nuestro único premio nobel de literatura.

Los gremios del sector agrario e industrial en la zona concernida, el Cauca, inventarían desde el año 2014, que hay 71 predios en litigio, con acciones de hecho, por parte de las comunidades reclamantes y demandantes. De modo principal estas propiedades están en los municipios de Guachené, Padilla, Corinto, Miranda, Santander de Quilichao, Caloto y Puerto Tejada.

En el nuevo tiempo de gobierno del Pacto Histórico, PH,  hay el ingreso a predios en el Valle, Cesar y Huila, que nos retrotraen al tiempo de la fracasada reforma agraria del desarrollista Carlos Lleras Restrepo, y las grandes movilizaciones agrarias de la Asociación de Usuarios Campesinos, y los mandatos derivados de su frustrada auto-organización, a sangre y fuego, y como resultado de debates y rencillas internas a propósito de cómo concebir la ruta de la revolución democrática tantas veces interrumpida en Colombia. Hay un cúmulo de literatura que se puede revisar y la recuerda.[9]

El resultado de estas acciones de hecho y reivindicativas forzaron a la presencia de la nueva ministra de agricultura Cecilia López, quien se hizo presente en los predios del Cauca. Además, ella hizo un llamado perentorio, en el mes de agosto, a parar la ocupación de tierras que no ha sido atendido por las comunidades movilizadas que, por lo demás, exigen el cumplimiento de lo pactado en anteriores gobiernos.

Igualmente, la vicepresidenta, vocera electoral de la pobrerías y las comunidades étnicas, de modo principal, pero no exclusivo, intervino al respecto, diciendo: “Debe haber un diálogo nacional que hagamos todos los colombianos en función de que la tierra esté en función de garantizar la vida.”

Al hacer este pronunciamiento, Francia Márquez, puso el dedo en la llaga varias veces centenaria, la inmensa desigualdad social y económica existente, construida y reforzada por las expropiaciones, despojo, a la vez que ocupación de baldíos de propiedad de la nación, cuando menos desde que Colombia es una nación independiente.

Por supuesto, esta realidad choca con la lectura del presidente de la SAC, Jorge Enrique Bedoya, quien no está a gusto con la fórmula de gravar las tierras improductivas, cuando hay más de 34 millones de has aptas para la producción, buena parte de ellas con oscuros títulos de propiedad.

Bedoya tercia diciendo que, no hay una definición de qué es tierra productiva, y afirma:

“Todas estas imprecisiones lo que generan es una sensación de inseguridad jurídica.” ¿Con respecto a qué, a la legal titularidad y goce de la propiedad privada de la tierra?

Sobre el particular la Corte Constitucional, después de varios años, con ponencia del presidente de la misma, Antonio José Lizarazo ofreció unos parámetros y unas prioridades para proceder con la situación de hecho de los baldíos, y quienes son los poseedores de buena fe, de inmensas porciones del territorio nacionales inexplotadas, ociosas, o mal explotadas.

En síntesis, estamos en presencia del talón de Aquiles del neoprogresismo que encarna la coalición de Petro, y su variopinto equipo de gobierno, la cuestión agraria, y un acuerdo fundamental al respecto, que quedó punteado en los Acuerdos de paz hechos con la exguerrilla de las Farc- Ep, que contemplaron la reforma agraria integral en los puntos uno y cuatro.

Ahora delante del proyecto de reforma política se calibrará como es que se materializa en hechos y políticas públicas lo debatido, lo prometido y exigido, por las multitudes subalternas rurales y urbanas, que tienen la atención fija en el problema de la tierra y la reforma tributaria, que harán posible que la denominada paz total no sea un embeleco, o un significante vacío atrapalotodo.

De ese modo, podremos pensar si estamos avanzando cuando menos al desarrollo de una paz subalterna, y no, en una reedición trasnochada y fatal de la paz neoliberal de Santos, incumplida y torpeada inmisericordemente por el bloque dominante derrotado en la elección presidencial de 2022, pero, sin duda no vencido.



[1]Jorge Eliécer Gaitán en su aspiración presidencial de 1945/46 caracterizó la realidad política del medio siglo, en sus conversatorios y arengas, como dividida en términos de país nacional conformado por la mayoría popular que él interpelaba. En el otro extremo electoral ubicó el país político, su adversario principal, representado en la campaña de 1946 por los candidatos oficiales del bipartidismo, Gabriel Turbay, liberal, y Mariano Ospina Pérez, conservador.

[2] Estas curules fueron pactadas en los Acuerdos de Paz firmados en La Habana, Bogotá y Cartagena, y bloqueadas por la bancada mayoritaria del bloque de poder controlado por el partido de gobierno, en la administración liderada por Iván Duque y el partido Centro Democrático.

[3] Gramsci, A. (1981). Escritos Políticos, 1917-1934. Cuadernos de pasado y presente. Editorial Siglo XXI, México, p. 347.

[4] Es lo que Gramsci denomina Estado de gobierno, con referencia a la definición de la sociedad política, entendida como estructura en término de estado en su sentido estrecho, cuya función principal es coactiva, represiva, ejercicio de la violencia y del aparato judicial y la producción legislativa a través de sus dictados, el repertorio de decretos como atributos del poder ejecutivo,

[5] El bloque histórico dominante se refiere al proyecto político construido a partir de la seguidilla de victorias militares de la insurgencia subalterna de las Farc-Ep que arranca en el gobierno del liberal Ernesto Samper Pizano, pactante de un acuerdo electoral secreto con el cartel del Valle, y que cierra filas con el gobierno conservador de Andrés Pastrana, triunfador en la contienda electoral contra Horacio Serpa.

Bajo la intervención de un centinela, y aliado regional, el hegemón estadounidense dirigido por el presidente Bill Clinton con quien se acuerda el Plan Colombia, con el que se blinda con las armas la apertura neoliberal de la Constitución de 1991, amenazada por la recesión de 1998/99. Se propone como fórmula táctica, de nuevo, la negociación de la paz en los cincos municipios del Caguán, con la principal insurgencia subalterna.

 

Pastrana, y su ministro de defensa Rodrigo Lloreda impiden que la ofensiva guerrillera capitalice políticamente, - sus victorias obtenidas en el campo de batalla -, una contra hegemonía que una el campo en rebeldía armada y apoyos urbanos en las principales ciudades, cuando está dispuesta a sitiarlas con base en una guerra de posiciones convencional. Esto último es lo que teoriza al analista de guerra y defensa, Alfredo Rangel, convertido desde entonces en cuadro político ideológico del Centro Democrático.

 

Fortalecidas las FF.AA colombianas, Pastrana/Lloreda rompen las negociaciones de paz, y abonan el terreno para que Álvaro Uribe y la reacción sean la clave de bóveda de la dominación burgués-terrateniente al servicio del régimen de acumulación neoliberal bajo el comando del capital financiero. Uribe hace tránsito a la política pública de guerra empezando por negar el conflicto armado. La divisa es la guerra social total contra la insurgencia campesina subalterna porque amenaza la propiedad rural terrateniente, los megaproyectos agroindustriales y el extactivismo transnacional pactado.  

[6] La historia de esta temporalidad comenzó con F.D. Roosevelt para atender a la crisis económica estadounidense que arranca con el crack de la bolsa de Wall Street y la gran depresión siguiente. La medida se propuso en el año de 1933, cuando aprobó un paquete de 15 leyes que establecieron las bases del llamado New Deal, para conjurar el peligro de derrumbe del capitalismo más desarrollado hasta entonces.

 

No fueron exactamente 100 días, sino el tiempo de sesiones extraordinarias del Congreso, después de la posesión de Roosevelt como presidente, el 4 de marzo de 1933. El periodo de acción entre ejecutivo y congreso, en realidad se extendió entre el 9 de marzo y el 16 de junio, con base en el consenso con todos los poderes y la ciudadanía de modo general. A quien se dirigía en regulares charlas radiofónicas, disuadiéndola de no sacar sus fondos de los bancos y confiar en la recuperación del país.

[7] El núcleo duro de un grupo superior a 40.000 integrantes, está constituido según el reporte de la revista Forbes por 236, que son calificados de multimillonarios por la publicación, a 6 de abril de 2022. Los cuatro primeros de la lista son Luis Carlos Sarmiento, US$8600 millones, Jaime Gilinski, US$4.400 millones, David Vélez, US$4.000, y Beatriz Dávila Santo Domingo, US$ 3.600. En la lista mundial aparecen rankeados del número 222 al 832. Sin embargo, los miembros del clan Santo Domingo sumados, igualan la fortuna reportada para el hombre más rico de Colombia.

[8] Incluido el presidente de la tercera fuerza, Antonio Navarro Wolf, como lo registró Gustavo Petro, en su libro de presentación electoral, elaborado con el apoyo de Hollman Morris, Una Vida, muchas vidas.

[9] Para el siglo que se extiende entre 1850-1950, no pocos recomiendan el trabajo de Catherine Legrand. Colonización y Protesta campesina en Colombia 1850-1950. Publicado por la Universidad Nacional. Bogotá, 1988. Republicado por la Universidad de los Andes en 2016.

 

GUSTAVO PETRO, ¿NEOPROGRESISTA, LIBERAL O DEMÓCRATA?

Primera Parte

 

MIGUEL ANGEL HERRERA ZGAIB, PHD

Profesor asociado, Director Grupo Presidencialismo y Participación

Ciencia Política, Universidad Nacional.

     

¿Un principio de Bloque Histórico?       

“Con esta alianza de mayorías que tiene (esta administración) tan impresionante lo que se espera es que haya menos debates y sobre todo acuerdos”. Alejandra Barrios, MOE, ET, 8/09/22, 1.4.

“La corrupta alianza con Petro de los parlamentarios conservadores desprecia a la militancia del partido e insulta sus principios.” Expresidente conservador Andrés Pastrana, en ET, 8/09/22, p.1.4.                                                         

                                                         El 7 de septiembre pasado quedó claro para el país nacional de qué modo, conforme al Estatuto de la oposición, Ley 1909 de julio 2018, está constituido el país político en Colombia.[1] Esto se concluye al examinar la composición del Congreso con base en la presencia de los partidos y movimientos políticos allí representados.

El siguiente es el mapa del Congreso, más relevante cuando se presentó el proyecto gubernamental de reforma política que coordina Alfonso Prada. El gobierno que presiden Gustavo Petro y la vicepresidenta Francia Márquez tiene un respaldo sin precedentes para arrancar una actividad legislativa que, al fin, viene cargada de reformas sustanciales en favor de las grandes mayorías del país.

El respaldo mayoritario del gobierno lo componen el Pacto Histórico, 47 Congresistas (C); Partido Liberal, 47C; Conservador, 42C; La U, 25C; Centro Esperanza- Alianza Verde, 23C; Comunes, 10C; Indígenas, 3C.  Es decir, un total de 197 congresistas, esto es 67 por ciento del total de senadores y representantes electos. Aquellos son el apoyo del proyecto gobernante, antes de empezar las deliberaciones.

Los siguientes partidos se declararon independientes: Cambio Radical, 30C; Mira-Colombia Justa Libres, 5C; Independientes (sin partido) 2C; Nuevo Liberalismo, 1C. Los congresistas independientes son Humberto de la Calle, y Daniel Carvalho, quienes fueron apoyados por Verde Oxígeno, y posteriormente expulsados por su dirección nacional.

Mientras que estas son las agrupaciones de la oposición: Centro Democrático, 28C; Liga de Gobernantes Anticorrupción, LGA, 2C; Independientes sin partido, 2C, los representantes Érika Sánchez y Juan Manuel Cortés, que fueron separados de la Liga.

Adicional con la distribución indicada hay 28 congresistas más, quienes hacen parte de las 16 curules de paz electas, afros y alianzas minoritarias. Con estas cuentas a la vista, el Frente Amplio, FA, propuesto por Petro y el Pacto Histórico obtiene un respaldo del 67 % (197) de los congresistas/parlamentarios electos en marzo de 2022. Al FA se pueden unir 9, de los 16 representantes electos por las curules de paz.[2]

Es bien importante recordar que esa impresionante confluencia de fuerzas, a raíz de la exigencia de declaratoria que establece la ley, de ninguna manera obliga a que articuladas como están a favor del gobierno tengan que apoyar sus proyectos.

En cuanto a procedimiento, sí hay un trato especial con estos aliados. El gobierno realiza reuniones previas para acordar textos de los proyectos de ley, así como de reforma constitucional que empiezan a tramitarse, y así puedan tener tiempos adecuados para su futura aprobación, y no queden bloqueados a mitad de camino, archivados.

En el examen general de las fuerzas y sus alineamientos en el “partidor” político, y en particular, luego del triunfo presidencial de la oposición que se juntó al proyecto de gobierno del Pacto Histórico (PH). Ahora es posible plantear, acudiendo al repertorio de categorías del análisis gramsciano, responder de modo provisorio, a la pregunta de si estamos en presencia de un Bloque Histórico en ciernes.

Este es un resultado, entre otras, de la desagregación coyuntural, o la desmembración estructural del anterior Bloque histórico que presidió el partido Centro Democrático, ahora convertido, y reducido a ser fuerza de oposición, con un total de 28 congresistas electos, a los que se sumó la fórmula presidencial de la Liga de Gobernantes contra la Corrupción, LGA, cuyos candidatos al ser segundos de la elección presidencial tiene derecho a ser senador y  representante, respectivamente; más dos congresistas independientes separados de la LGA que, por lo pronto, suman un total de 32 congresistas.

Ahora bien, al hacer el examen de la distribución de las relaciones de fuerzas congresionales con el fin de perfilar la configuración del nuevo Bloque Histórico Progresista, éste es clave fundamental en el impulso y pacto de la cascada de reformas en busca de la igualdad social y el desmonte de privilegios. Aquel trata de dar nueva vida al moribundo Estado social de derecho consagrado en la Constitución colombiana de 1991, cuando han transcurrido treinta y un años.

En este estudio sumario, primero, es importante tener en cuenta cuál sería el nuevo bloque de poder que es la clave de bóveda del edificio de dicho bloque histórico liderado por una tercera fuerza distinta en todo caso del bipartidismo que comenzó a existir en Colombia desde 1848. Porque se establecen los partidos Liberal, con Ezequiel Rojas, un conservador, nacido en Miraflores (Boyacá), y Mariano Ospina Rodríguez, oriundo de Guasca (Cundinamarca), dos provincianos. Ambos opositores acérrimos al gobierno cesarista de Simón Bolívar, como que figuraron - en concierto con el general Francisco de Paula Santander - conspirando para asesinarle en la noche septembrina de 1828.

Segundo, al indagar por la formación del Bloque Histórico Neoprogresista, indaguemos por cuál es la dirección de la sociedad política colombiana - el estado en su sentido estrecho, o “estado de gobierno”-, en atención a las denominaciones tomadas de Gramsci en sus notas de los Cuadernos de la cárcel (1932-1934), donde en su escrito Análisis de situaciones. Relaciones de fuerza se lee lo que sigue:

“Esta es la fase más estrictamente política, la cual indica el paso claro de la estructura a la esfera de las superestructuras complejas; es la fase en la cual las ideologías antes germinadas se hacen “partido”, chocan y entran en lucha, hasta que una de ellas o, por lo menos, una sola combinación de ellas, tiende a prevalecer, a imponerse, a difundirse por toda el área social, determinando, además de la unidad de los fines económicos y políticos, también la unidad intelectual y moral…”[3]

Las superestructuras complejas, según Antonio Gramsci son la sociedad civil y la sociedad política. Así aparecen comprendidas en las notas del autor sobre La formación de los intelectuales, y cuando da cuenta del entendimiento de una nueva forma estatal del mundo burgués en el siglo XX. Es, precisamente, cuando Gramsci propone el concepto de estado ampliado o estado integral, a diferencia del estado décimonónico, el que teorizara Ferdinand Lassalle, esto es, el estado “vigilante nocturno”, adecuado al régimen capitalista de la libre competencia que es ya inadecuado en el corto siglo veinte, cuando es requisito la amplia intervención del estado en el mercado de la libre competencia entre privados.

 Con la anterior aclaración retomemos el estudio de la formación del bloque histórico de los subalternos que se está haciendo gobierno en Colombia. Al respecto, se pefila la nueva dirección nacida del resultado electoral de este año. Está constituida, ante todo, por el ejecutivo que lo integran Gustavo Petro y Francia Márquez,[4] más los ministros de la Coalición Frente Amplio;  la mayoría en el poder Legislativo que sumada más de la mitad de las curules de paz superará el 70% de los congresistas electos.

La composición del nuevo bloque histórico en formación postelectoral lo integran las siguientes fuerzas político ideológicas: el PH e Indígenas, de signo progresista, más los partidos liberal y conservador más La U, de talante neoliberal, a la que se suman la mayoría de la Coalición Centro Esperanza-Alianza Verde, el centro socialdemócrata; y Comunes, y 9 representantes de las curules de paz, que gravitan en el campo de la izquierda electoral.

Del bloque histórico que fue dominante hasta el gobierno de Iván Duque, con el interregno de Juan Manuel Santos, la reacción política se desarticula, y en simultánea desplegó dos alas tácticas con candidatos a la presidencia para, ante todo, impedir el triunfo del binomio del proyecto político social del PH. Al ser derrotada esta estrategia reaccionaria, se recompone como oposición en el Congreso, y se dispone ya a “medirle el aceite” al programa de reformas; pero, sobre todo, a quebrar la coalición Frente Amplio, FA, que favorece la acción legislativa reformista de administración neoprogresista,[5] al vapor de los primeros cien días cuando menos.

Al recomponerse la oposición, uno es el almendrón de la reacción que asocia a la fuerza principal, el Centro Democrático, y su liderazgo, Álvaro Uribe y Federico Pérez, el partido electoral Liga de Gobernantes, con Rodolfo Hernández, - el candidato presidencial derrotado y su fórmula vicepresidencial -, más dos independientes, que se autodefinieron, paradójicamente, como parte de la oposición al gobierno del Pacto Histórico.

La otra pieza que fuera parte del bloque histórico dominante sobrevive en la tendencia de derecha desarrollista que se autodefine como independiente. La fuerza principal es Cambio Radical comandada por el exvicepresidente Germán Vargas Lleras como su mentor político. A esta se suman Mira, dos Independientes expulsados de Oxígeno Verde de la candidata Ingrid Betancourt, y el Nuevo Liberalismo de los herederos del líder asesinado, Luis Carlos Galán Sarmiento que resultó insignificante en lo electoral.

Por último, hay un grupo heterogéneo de 28 congresistas, siendo mayoría los 16 representantes elegidos por las curules de Paz, de quienes, al menos 9, podrían sumarse, de acuerdo a los temarios. Los restantes 21, por conveniencia a cualquiera de las tres opciones según marche el quehacer legislativo de los míticos “primeros cien días.”[6]

(Continua)

sábado, 10 de septiembre de 2022

 AL PRIMER MES DE PETRO Y MÁRQUEZ. 

EL ESCILA DE LA PAZ Y EL CARIBDIS DE LA ECONOMÍA.

Miguel Ángel Herrera Zgaib, PhD.

Director Grupo Presidencialismo y participación, Unijus/Minciencias

Profesor asociado, Ciencia Política, U.Nacional, Bogotá.

Presidente IGS-Colombia.

 

“Las causas que se atribuyen a la izquierda, como la redistribución del ingreso, el estado de bienestar, la función social de la propiedad, la democracia abierta, la alternancia en el poder…por las limitaciones propias de la época en que vivió, no hicieron parte de su ideario (el de Simón Bolívar)”. Alfonso Gómez Méndez, ¿Bolívar, izquierdista?, ET, 7/09/22, 1.11.

 

                                                                                    El exprocurador y ex fiscal de prosapia liberal, Alfonso Gómez Méndez, profesor que ha sido de derecho en la U. Externado de Colombia, institución de propiedad de la familia Hinestrosa, vinculada con Zipaquirá, por mucho tiempo, no resistió la tentación de comentar, cuando comenzó el presidente Petro, la primera orden ejecutiva impartida, como comandante supremo de las fuerzas armadas. Exigir el transporte de la espada de Bolívar al lugar de la ceremonia de investidura.

De paso, el memorialista y notable penalista, aprendiz de la socarronería del maestro Darío Echandía, y cultor del gusto por la historia patria del compañero jefe, el expresidente y constitucionalista, Alfonso López Michelsen, corrige dos yerros en sus observaciones editoriales.

Uno, pretender que Gustavo Petro es el primer presidente de izquierda de la historia de Colombia, y dos, destacar a Simón Bolívar como izquierdista. Para lo último reprodujo como prueba de su aserto, el art.77 de la Constitución de Bolivia: El ejercicio del poder ejecutivo reside en un presidente vitalicio y tres ministros de Estado.” Añade, además, que el presidente de Bolivia era titular del poder electoral.

Sabido es que el primer presidente de Bolivia (1825-28), fue Antonio José de Sucre, venezolano, mariscal de Ayacucho, asesinado en la sierra de Berruecos (1830), en unas circunstancias que aún se discuten. De su muerte se acusa directa o indirectamente desde entonces a otro gran general bolivariano y colombiano, José María Obando. Como autores materiales fueron señalados José Erazo y Apolinar Morillo; éste fue apresado y fusilado diez años más tarde.

A propósito del culto a Bolívar, Gómez reconoce que el conservatismo quiso apropiarse de su figura, no la de Santander, a lo que anota también, y este es trabajo de un notable historiador de la moderna historia, Germán Colmenares que ninguno fue fundador de los dos partidos, en su orden de enunciación, conservatismo y liberalismo. 

En cambio, sí, se atribuye la creación del conservatismo a Mariano Ospina Rodríguez, oriundo de Guasca, y del liberalismo a Ezequiel Rojas. Conspirador septembrino contra Bolívar, nacido en Miraflores, y promotor de la creación de la Universidad Republicana de los Estados Unidos de Colombia que tuvo como sede a Bogotá, y como primer rector a Manuel Ancízar, porque Rojas se enfermó gravemente.

En el siglo XX, sin embargo, fue un general de filiación conservadora, el dictador Gustavo Rojas Pinilla, quien al dar “el golpe de opinión” en 1953, recuerda Gómez Méndez, invocó a Cristo –Nuestro Señor- y a Bolívar.  Esta heredad retórica fue recuperada por el M19, que invocó como su partida de nacimiento político el fraude electoral sufrido por el general absuelto de todo cargo antes en el juicio político adelantado en el Congreso.

La divisa de aquel singular movimiento, muy hábil en materia de propaganda política, fue entonces “Con el pueblo, con las armas, al poder”. Luego al lema se le hizo un añadido “con María Eugenia al poder”, como lo registra la columna de opinión en comento. Es el M19 el que se proclama bolivariano, al tiempo que el comando dirigido por el Turco Álvaro Fayad “recupera” la espada del museo casa de Bolívar en el centro de Bogotá, en las inmediaciones de la Universidad de los Andes.

Este movimiento nacionalista que no izquierdista, de modo general, al hacerse parte de la Coordinadora Guerrillera, al participar del inicio de los procesos de paz con el reformista conservador Belisario Betancur, consiguió que se nombrara al nuevo destacamento Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar de corta existencia. Después de su disolución Jacobo Arenas, estratega político de las Farc-Ep, siguió reivindicando el bolivarianismo como lo hizo también el M19 por su parte.

Con ese legado, el programa neoprogresista

El presidente que se declaró confeso de fe bolivariana, desde el primer día, tiene ahora que darle existencia de manera conjunta con Francia Márquez, y los ministros cuyo listado ya completó, luego de los tropiezos sufridos con la Mintic, Marleny Gutiérrez, a las reformas que se han atribuido a la izquierda, y que, en Colombia según el propio Petro, en parte, se le atribuyen al padre de la revolución en marcha, López Padre, y a sus discípulos. En particular, mediante una verdadera reforma tributaria, lograr la redistribución del ingreso en uno de los países más desiguales de la tierra.

Así se prueba en un documento sobre la reforma tributaria de la autoría de Garay/Espitia, que coincide con la urgencia de revertir el marcado sesgo tributario pro ricos que ha prevalecido en Colombia. Para ponerle fin a la triste historia que desde 1990 muestra 21 reformas tributarias, cada 18 meses, ninguna de las cuales le ha dado cumplimiento a lo que reza el artículo 363, equidad, eficiencia y progresividad, como lo recordó en un escrito de Héctor Vásquez, publicado en Viento Sur.

Esta exigencia está avalada en fecha reciente por la Comisión de Expertos que creara el expresidente Iván Duque que concluyó, sin miramiento alguno, que en Colombia los más ricos pagan menos impuestos. Dicho lo cual, ellos establecen que el país, vista la proporción entre impuestos y PIB, es de 19,4% inferior a sus pares en la OCDE, que es de 34,3%; y al de América Latina, 23,1 %. 

Para cerrar, en parte, este “círculo virtuoso” es necesario añadir según el articulista que las gabelas para los más ricos alcanzan el 6,5% del PIB, y disfrutan de exenciones y beneficios que superan los 76 billones de pesos.

Para proseguir en la contabilidad de la desigualdad, y para entender la urgencia de avanzar en términos de abolir privilegios para cumplir con los postulados cubiertos de telaraña del art. 13 constitucional, la reforma para recaudar en el primer año, los 29,8 billones prospectados por el presidente del neoprogresismo, se fundamenta en los siguientes resultados oficiales, que resumen Garay/Espitia:

Al revisar los resultados financieros de las 10.000 empresas más grandes de Colombia durante el ejercicio de 2021. Estas obtuvieron en ingresos operacionales totales, IOT, $1307 billones, esto es, 30% más que en el año de 2020. Entre estas, las 10 más grandes, obtuvieron el 28% de IOT, y las 1000 más grandes, el 69% del IOT. Mientras que, las 1000 de menores ingresos, contabilizaron el 1 % de IOT.

En resumen, el coeficiente de GINI de concentración de Ingresos Operacionales, IO, es de 0.7225. En materia de Activos, la sumatoria arrojó $1808 billones en 2021, es decir, 14% más que en el año 2020. Hay 239 empresas de las más ricas, entre estas varias con actividades financieras, que reportaron tener patrimonio negativo. Mientras que 9761, tienen patrimonio positivo, y las 100 más grandes de estas, obtuvieron un aumento del 13% en el año 2021, y concentran el 56% del patrimonio. Y las 10 más grandes de estas concentran el 26% del patrimonio. Ahora bien, el coeficiente de GINI de concentración patrimonial es de 0.8725, como se ve revela mayor concentración que el correspondiente a IO.

Dicho lo cual, están a la vista las cifras que le permite al gobierno Petro y su plan de reformas neoprogresistas navegar, sin estrellarse contra el Caribdis de la Economía.  sobre la evidencia de la urgente redistribución de la riqueza social para abolir privilegios y avanzar por fin en términos de igualdad social real, de cara a las multitudes subalternas integradas por la pobrería, el precariado, los jóvenes, las mujeres que fueron y ha sido el sustento de este primer triunfo de un gobierno de oposición, que no de izquierda como bien lo señaló el columnista Gómez Méndez.

Al otro lado, en esta exigente travesía, está el Escila de la Paz total. El primer tropiezo derivo de la masacre de 7 policías, con uno que resultó vivo en el ataque atribuido a las disidencias de las Farc-Ep, cuyo jefe es Iván Mordisco. Estas por lo pronto no han desmentido tal señalamiento.

Sin embargo, esta tarea de la paz total, tiene como responsable en las tratativas y averiguaciones principales al Alto consejero de Paz, Danilo Rueda, quien estuvo fogueándose en la visita a la cárcel de la Picota, en compañía de un hermano del hoy presidente. Acción que produjo roncha en el acucioso indagar del periodismo nacional, y en la oposición al presidente Petro.

Junto a Rueda estará muy de cerca el ministro de relaciones exteriores, Alvaro Leyva que es una suerte de cancerbero de la paz, como lo reitera cada que puede. Y quien ya está familiarizado con las ejecutorias del Alto Consejero, cuando trabajaron en la elaboración de los Acuerdos de La Habana, junto con el jurista comunista español Santiago.

La tarea es monumental, porque tiene que integrarse a esta paz, al Clan del Golfo, que opera como grupo multicrimen, de cuño paramilitar, en 115 municipios. Para estos se puede implementar con variaciones una modalidad de justicia transicional, si quieren acogerse, que es el verbo que ahora se conjuga por los personeros del Pacto Histórico en la materia.

Luego está también la negociación con el ELN, y sus avances, para poner a marchar como referencia obligada los acuerdos de 2017, firmados con el expresidente, y hoy nobel de paz. Pero, ya quedó claro, con la vocería de Antonio García, que esta insurgencia subalterna no le camina a la justicia transicional; ni se deja juntar en una misma cuerda con las agrupaciones paramilitares y bandas armadas dedicadas a la delincuencia común, diversificada y a gran escala. No le caminarán a ser procesados por crímenes de guerra y lesa humanidad en los que pudieran estar incursos en los 57 años de accionar.

Por último, están las disidencias de la Nueva Marquetalia, que fueron firmantes de los Acuerdos de la Habana, hoy bajo la dirección de Iván Márquez, y quienes rompieron con el gobierno Santos por los incumplimientos de los seis puntos pactados, y el entrampamiento realizado contra uno de sus principales dirigentes, Jesús Santrich, con el concurso impune de la Fiscalía de Martínez y la DEA. Lo cual ha sido documentado recientemente en un aparte del informe de la Comisión de la Verdad.

En todos estos casos, el equipo que agencia el proyecto de paz total, tendrá en la comandancia sin duda para avalar el cese bilateral del fuego propuesto, una comisión de verificación nacional e internacional, en lo cual ya hay bastante experiencia, y probados funcionarios internacionales.

Así las cosas, estas son las prioridades principales, y tiene que pasar por las horcas caudinas del Congreso, donde en apariencia, el Frente Amplio tiene confiables mayorías, hasta el punto que la oposición uribista está reducida a la mínima expresión con raquíticos aliados. Pero, aunque ya hubo la declaración de quienes serán los independientes, y la oposición.

En poco tiempo asistiremos al desgrane de más de uno de estos contingentes de “buena fe”. Y el equipo de componedores a cuya cabeza están los presidentes de las cámaras, Roy y David tendrán que templar el acero, y recordar los compromisos. En cualquier caso, la garantía disuasora de chantajes y defecciones solamente podrá ser la fuerza organizada, consciente y beligerante en su reclamo democrático. De ahí que la visita de Francia y Gustavo a las principales zonas de conflicto, que no pocas veces son las más deprimidas y pobres, definirán el rumbo y resultados de la guerra de posiciones política que se libra en dos grandes frentes articulados: el tránsito de la guerra social a la paz con igualdad social, que le de curso efectivo a una reforma tributaria redistributiva, esto es equitativa, eficaz y proporcional.

De ser así, el barco neoprogresista, conducido por el primer gobierno de oposición subalterna electo que se dispone a practicar la democracia, no hará agua ni sucumbirá en la travesía entre el Escila de la paz total y el Caribdis[1] de la economía redistributiva en beneficio real de los muchos, quienes son el sujeto político principal de la democracia subalterna en movimiento. La que se manifestó en un gran ciclo de luchas que arrancaron en 2010 y se cierra temporalmente en 2021, dándole concreción a la presencia e interpelación de la multitud subalterna que ahora quiere ser gobierno.

 



[1] En términos de accidente geográfico, la tradición dice, que correspondería al Estrecho de Mesina, entre Calabria y Sicilia, en el sur de Italia, por donde transitó el intrépido marino, Ulises, mientras Penélope lo esperaba en casa, tejiendo y destejiendo una prenda de garantía y fidelidad por el ausente.

[1] En términos de accidente geográfico, la tradición dice, que correspondería al Estrecho de Mesina, entre Calabria y Sicilia, en el sur de Italia, por donde transitó el intrépido marino, Ulises, mientras Penélope lo esperaba en casa, tejiendo y destejiendo una prenda de garantía y fidelidad por el ausente.